Entrevista a Ernest Ruiz
Por Fernando Cabedo Bosquet, 10-dic-04
(ER) Y por lo tanto...la pregunta es ¿como suena realmente un Steinway? Es decir, cual es el sonido más “real”. ¿Existe? Y cómo es posible que puedan decirse que tal grabación o equipo o componente es mediocre porque el sonido de los platillos es demasiado metálico (lo raro sería que sonasen a madera, ¿pero si son metálicos a que rayos quieren que suene?), o se afirme que con tal lector de CD las notas del piano son más amarfiladas y, por tanto, la reproducción es más natural? (ER) Ahí encontramos de nuevo el aspecto perceptivo, cuando a alguien le parece y cree firmemente que las “las voces son demasiado agudas”, por ejemplo. Es muy probable que esa persona lo perciba así y quizás otra no. Por eso la elección de un equipo es tan personal y lo que gusta al individuo A puede no gustar al individuo B. Si no podemos definir cómo debe ser el sonido real de un instrumento ¿cómo podemos emitir juicios de valor sobre un determinado sistema o componente o grabación en función de cómo es reproducido? Pues aún así, hay gente capaz de hacerlo. (ER) Supongo que el entrenamiento, tanto en audiciones en directo como en vivo tienen su importancia. Personalmente considero que con el tiempo he llegado a tener un oído (y un cerebro) algo más entrenado que a veces me permite identificar sonidos o percibir cosas que a otros se les pasan de largo o a las que no prestan atención. No, no soy un golden ears... pero el hábito pule ciertos aspectos. ¿Cómo cuáles? (ER) Desde identificar instrumentos escondiditos en un rincón o apreciar sutilezas de la audición, etc. Esos detalles que quizás para algunos hacen que disfrutemos más al oír música y podamos dedicar más horas al tema. Es cierto que cada tipo de instrumentos (piano, violines, etc.) deben tener unos rasgos sónicos intrínsecos determinantes y definidores que deben ser iguales en todos ellos y que nos permite distinguir el sonido de un piano del de una gramola; pero también pueden tener otros rasgos significativamente distintos y únicos que les distinga unos de otros? ¿No debemos considerar también la maestría del intérprete como un factor concluyente en el resultado final? Cómo éste traduce la partitura y la manera de ejecutarla volcando su pasión, sus sentimientos, en definitiva, todo su ser sobre el instrumento, ¿no influye esto también en el resultado sonoro final? ¿También hay que tener en cuenta los gustos personales respecto a determinados instrumentos y su percepción sonora que cada persona tenga de ellos? (ER) Evidentemente los factores se multiplican y acaba siendo difícil o muy difícil establecer unos parámetros regulares. Aunque el objetivo debiera ser ese para intentar “regularizar” o definir el patrón sonoro de un instrumento dado. Pues, Ernest, para muchos aficionados definir estos parámetros es tan fácil como respirar. Y tanta destreza me desconcierta. Me deja fuera de juego. Leyendo comentarios de algunos aficionados definiendo el sonido de un sistema o componente me da la sensación de asistir a un concurso literario-poético encauzado en la búsqueda de la metáfora más evocadora. ¿Es para tanto? (ER) Supongo que todos intentamos llevar a cabo esa regulación o definición, ni que sea a nivel mental, de manera que cuando intentamos describir lo que oímos usamos esos términos extraños a que te refieres con la definición “literario-poético”. Alguna vez he reflexionado al escribir sobre las audiciones que hago sobre el lenguaje que uso y siempre llego a la conclusión que ni con esos términos, a veces tan floridos, puedo llegar a expresar lo que percibo. Quizás se trate precisamente de una incapacidad por transmitir las sensaciones que nos produce la música a nivel físico y psíquico (a mi me lo produce) mediante el uso de simples palabras o frases que no pueden abarcar por completo aquello que apreciamos. En efecto, los humanos anhelamos conocer lo desconocido y definir lo indefinible. Jajaja, ¡esto parece una charla de filosofía! Algunos aficionados ante tanta floritura como tú dices afirman de forma concluyente “que la música es música y ya está” ¡Qué sencillo que lo ven algunos! Si concluimos que una audición en directo memorable es aquella en que la unión de una interpretación artística sublime de los instrumentos interactuado éstos sónicamente con un entorno acústicamente favorable llega a conmovernos, ¿hemos logrado, entonces, alcanzar y comprender el realismo sonoro absoluto, el objetivo, o, en cambio éste es relativo, subjetivo? (ER) No me gusta el término absoluto en nada. Prefiero hablar de relativo pues define mejor lo que sucede en un momento dado en un lugar concreto. Ese caso es poco probable que vuelva a repetirse del mismo modo y por tanto hablar de absoluto no me parece correcto. Introducimos ahora un concepto como “subjetivo” que es fundamental y que para mi, todo y poder estar de acuerdo en que un violín debe sonar como un violín , etc. acaba marcándolo todo. Porque al final queda el individuo y su percepción particular y por lo tanto subjetiva. ¿Es eso malo? No, simplemente es así. Muy bien, totalmente de acuerdo. En los pocos meses que llevo intentando “sacarme el carné de audiófilo” he leído y escuchado tantas afirmaciones absolutistas que mi perplejidad aumentaba cada día. Pensaba que mi falta de experiencia en audiciones en directo me imposibilitaba conformar un criterio que me permitiese discernir una reproducción realista de otra que no lo fuese de manera objetiva y absoluta. Pero he aprendido que lo que manda es lo que mi cerebro perciba ahora y lo que sea capaz de aprender con el paso del tiempo. (ER) Dos puntos...primero el tema de lo absoluto y de lo real. Continuo diciendo que ni el más avezado audiófilo puede llegar a decir que un sistema es el más real y que en términos absolutos reproduce mejor la música. Si a caso deberá decir que en las circunstancias X es el que según su opinión le parece o lo percibe de una forma más satisfactoria y que es el que mejor le transmite las sensaciones musicales. Por eso, volvemos al tema, cada situación es un mundo. Segundo....”sobre el carné de audiófilo”. Mira, puedes hacer caso a las publicaciones especializadas, a los que oyen muchas cosas o los demás audiófilos... pero como al final estas tú, pues eso es lo que cuenta. Nadie da o quita el carné de audiófilo y por mucho que insistan nunca debes dejarte llevar por lo que digan los demás. La audición musical es algo muy personal y, todo y que podemos llegar a acordar como debe sonar un piano, cada una de ellas es un mundo. A veces nos amedrentamos al ir a una audición en una tienda, cuando nos apabullan con palabras y términos floridos o nos dicen que nuestro equipo no vale nada (a mi me lo han dicho decenas de veces y es extremadamente frustrante cuando en ello has puesto todo tu interés, voluntad y esfuerzo económico... hasta que me harté de tanta historia), pero lo mejor es no hacer ni caso.... porque si ese equipo es el que nos satisface o el que podemos permitirnos.. que más nos da? En lugar de crear afición lo que consiguen es que la gente olvide escuchar música porque su equipo no es suficientemente “bueno” según el sabio de turno. ¿No se dan cuenta además que así matan a su futuro cliente? ¡¡¡Siempre me ha sorprendido esa ceguera de algunos comerciantes!!! Es cierto que algunos comerciantes se las traen... pero hay clientes que también son tela marinera y que van a piñón fijo. Sólo con leer algunos de sus comentarios ves que son unos verdaderos huesos duros de roer. Pienso que hay determinados clientes que entran en un establecimiento con la idea preestablecida que les quieren tomar el pelo no dejándose ni aconsejar y convencidos que su idea de lo que quieren es la correcta; y con esta actitud es muy difícil que el vendedor pueda trabajar en condiciones. Se dice con frecuencia que los vendedores son poco profesionales y nada serios, salvo honrosas excepciones. ¿Pero cómo somos los aficionados como clientes? (ER) Evidentemente hay de todo, es cierto. ¿Qué opinas sobre la incidencia de la interpretación del artista sobre el resultado sónico? Yo pienso que realmente existen genios capaces de extraer de un instrumento una sonoridad especial, por no decir única. Y cuando me refiero a instrumentos incluyo a la voz. (ER) Probablemente sea así, sí. Llegados a este punto, cabe plantearse si el objetivo máximo de una reproducción musical doméstica es que sea lo más parecida posible a una audición en directo o que ésta sin ser del todo real sea capaz de rememorar los sentimientos experimentados cuando asistimos al concierto; o que simplemente nos conmueva sin más. Si tendemos a este último razonamiento, ¿qué necesidad tenemos de adquirir equipos caros si un discman tiene la misma capacidad de emocionar? ¿O es que queremos insinuar que la emoción que un aficionado siente al escuchar su música favorita en un discman no es real o cuando menos incompleta?
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